viernes, 23 de enero de 2015

De vuelta a mi mundo

Hace una semana estuve en Madrid junto a mi hija y mi querídisima Amelica visitando Intergift, la Feria del regalo que se celebra en IFEMA.

Aquí mis chicas
Ver todos los stands de las empresas presentando sus novedades y recorrer de un lado a otro los pabellones con los ojos bien abiertos no se me vaya a escapar alguna cosilla de interés, es una de las emociones más fuertes de mi trabajo.
Porque está claro que el objetivo final es vender, pero como no haga una buena gestión de compras difícilmente voy a tener buenos resultados. También me gusta asumir retos, dirigir y organizar todo este "sarao" que llamo Indalo Natura, mi tienda; ese mundo particular a través del cual gira mi vida.
Pero no me voy a entretener contando las peripecias de mi visita a la Feria, que para ello ya tenéis aquí la entrada que publicamos ayer en el blog.
Sólo decir que han sido días intensos en los que no he parado de andar y prueba de ello la foto del contador de pasos que me regalaron los Reyes.

Pasos y kilómetros de un solo día
He aprovechado para ver a mi familia y a mi padre, que sigue retando al tiempo en su residencia para mayores. Los años pasan y él se aferra a la vida como puede o quizás ni siquiera es consciente de ello. Siento no estar más cerca para poder compartir con mi hermana la responsabilidad de visitarle, pero las circunstancias mandan y mi vida transcurre lejos de él.
También he disfrutado de unas cenas muy entrañables en compañía de mis amigos Bego y Tino y sus pequeñajos, que dentro de nada dejarán de ser niños y como no, también he realizado la consabida visita relámpago a Ikea, como es habitual cuando viajo a Madrid.
Vuelta a mi mundo, echo de menos el buen humor que mostró mi hermana en la comida que compartimos, a pesar del dolor de sus rodillas; la sonrisa traviesa de mi sobrinilla Iria; la casa nueva en Tres Cantos de sus papás; el optimismo de mi Bego, a pesar de los pesares y como no, la frescura y las risas que se gastaban sus hijos mientras conversábamos alrededor de la mesa.


Pero no me importa dejar atrás los kilómetros y kilómetros de M40, dirección las Rozas, Alcobendas, Ifema o Tres Cantos, nudos de carreteras colapsadas de coches; el cielo gris y el hielo del cristal de mi coche que tuve que rascar cuando el termómetro marcaba 1º; paisajes llenos de edificios altos y el correr del día a día después de un gran madrugón que te aleja de tu casa hasta que llega la noche.

En cambio en mi mundo no hay aglomeraciones de tráfico y sé que tardo diez minutos en llegar a mi trabajo porque no voy a encontrarme con ningún atasco. Puedo conciliar mi trabajo con mi familia y mis aficiones y lo mejor de todo es que el cielo está tan limpio y tan azul, que a veces se confunde con el mar.


Puede que mi mundo resulte un poco simple para muchos, alejado como está de la gran ciudad, del bullicio y de los centros comerciales, pero para mí es perfecto.

Un día lo busqué, lo encontré y es el lugar donde me siento bien.

Es mi mundo particular.

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