miércoles, 28 de mayo de 2014

El Porqué de las cosas

Hay veces que mi hija me reprende cuando trato de encontrar una explicación a las cosas que suceden a mi alrededor. Me dice que lo mío ya ralla en manía, que las cosas pasan porque pasan y no hay que andar buscando tres pies al gato.

Si un día pasa poca gente por la tienda, ya estoy yo buscando una razón. Será porque hay mercadillo en alguna localidad cercana y todos los clientes se han ido para allá, será porque estamos a final de mes o quizás que sopla viento de poniente y como es tan molesto, mis hipotéticos clientes se han quedado en sus casas felizmente viendo la televisión.

Y por el contrario, si un fin de semana se me llena la tienda de repente, me digo que se debe a que como hace tan buen tiempo han venido a dar una vuelta a sus apartamentos y ya de paso han terminado en mi tienda, o también puede ser que hayan encontrado una buena oferta en los hoteles de Mojácar....o que aprovechando que ya han cobrado el sueldo se hacen un viajecito para celebrarlo.

El caso es que no me quedo satisfecha hasta que encuentro una explicación-justificación razonable a los acontecimientos.

Y claro, ahora viene el quid de la cuestión: ¿Cómo sé yo que he conseguido acertar con la contestación adecuada? Porque respuestas hay muchas y tan sola una la verdadera, o no, quién sabe; de ahí que tenga que barajar varias opciones como respuesta.


Me pregunto (como no!!) de dónde me vendrá ese interés desmedido que siento de encontrar una aclaración que me llene de satisfacción.

Me imagino que proviene de mi mente incansable que no es capaz de quedarse quieta un rato o puede ser que el responsable sea mi cerebro que necesita alimentarse de razonamientos lógicos o...quién sabe por qué.

El caso es que como dice la foto-nota que he incluido en esta entrada, a veces no hay respuesta y -como no se cansa de repetírmelo mi hija- lo mejor es aceptarlo y avanzar, porque lo que es indudable es que mientras estoy buscando la razón a lo que pasa, estoy dándole vueltas a temas que ocupan mi pensamiento y no lo entreno para temas más importantes.

Quizás el responsable de esta curiosidad mía sea Bimbo, que me acostumbró a zamparme bimbollos, bucaneros y panteras rosa en busca de los cromos que completaban el álbum de El PORQUÉ de las cosas; una colección de preguntas interesantes con la respuesta adecuada.


Supongo que los de mi generación lo recordarán.

Lástima que no hayan sobrevivido a mudanzas y a mi madurez porque eran unos álbumes dignos de conservar y he visto que están muy valorados por los coleccionistas. No me extraña porque eran la mar de interesantes.

Y tú ¿cómo eres? 
¿Buscas respuestas o aceptas lo que pasa así sin más?

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