Desde que elegí ser medio tendera-medio empresaria, mis fines de semana se han quedado reducidos al domingo.
Me gustaría que fueran más largos para que me diera tiempo a saborear el tiempo libre, pero no tengo ningún derecho a quejarme porque trabajar por cuenta propia me compensa en otros aspectos.
Aún así, todavía recuerdo con cierta nostalgia la emoción tan placentera que me invadía los viernes a las 17,30 h, cuando pasaba la tarjeta por el reloj de fichar de la empresa y me despedía pensando "Ahí te quedas, oficina. Hasta el lunes no me verás el pelo"
Este fin de semana pasado he contado con la ayuda de mi hija y he podido disfrutar de un finde en condiciones, de viernes a domingo, como los de antes.
Necesitaba cargar las pilas, desconectar de la rutina y volver con más fuerza.
En buena compañía.
Objetivos conseguidos.
Paso a paso disfrutando del camino y contemplando la naturaleza que está a punto de explotar.
Sin pensar en nada. Sólo andar y andar y después saborear esas endorfinas que te alegran el cuerpo cuando has hecho ejercicio.
Y sentarse a comer un estupendo entrecot de ternera con un buen vino, sin remordimientos, compensando las calorías perdidas.
Sábado ventoso cargado de aire limpio que purifica la mente y arrranca los malos pensamientos a golpe de ráfaga, si es que acaso queda alguno.
Y sentarse a comer un estupendo entrecot de ternera con un buen vino, sin remordimientos, compensando las calorías perdidas.
Barranco de Gebas, Sierra Espuña
Y de vuelta a casa, cubriendo el horizonte, este inmenso espectáculo. Por suerte yo no conducía y pude zambullirme a mis anchas en este mar de nubes.
Y todo esto a 100 kilómetros de mi casa y de mi mundo.





No hay nada como romper con la rutina de vez en cuando,y tienes toda la razón, no hay que irse tan lejos para disfrutar de pequeños tesoros en forma de paisaje,solo hay que indagar un poco :).¡Un beso muy grande,familia!
ResponderEliminarTú me tienes que pasar una lista de rutas, que estás muy puesta en estas cosas
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