Te adelanto que va a ser toda una aventura porque como ya te habrás dado cuenta, aún no se ha inventado un medio de transporte que pueda comunicar el presente con el futuro, aunque lo más seguro es que la física cuántica se encargue de ello no tardando mucho, ya verás.
Sin avión y sin tren, tan solo tú y tu mente.
Cierra los ojos y visualiza un haz de luz muy potente que se para delante de ti. Te hace señales y te indica que le acompañes, que te puede llevar hasta tu Yo futuro de dentro de 10 años y mostrarte a la persona en la que te habrás convertido.
¿Qué te parece la propuesta? ¿Te parece tentadora o tienes tus reparos? Mira que esto es como cuando echamos mano de álbum de fotos y repasamos con emoción los momentos ya vividos y nos vemos más jóvenes y más guapos, pero al revés. En este caso la cámara enfocará hacia adelante y te mostrará a una persona más entradita en años, quizás con más canas o más arrugas, quién sabe si más gorda o más flaca, pero también a un Ser dotado de mayor vivencia y experiencia.
Yo no dudaría en atreverme a hacer este singular viaje. Asistir a este desdoblamiento del tiempo en primera persona me parece una experiencia muy interesante, aunque entiendo que tú puedas tener tus reservas.
Como ya te habrás dado cuenta, el viaje que te he propuesto es todo un ejercicio de visualización. En el caso de que siguieras al haz de luz que te va a conducir a tu Yo futuro de dentro de 10 años, tú mismo podrías elegir el sitio exacto del planeta donde se produciría la entrevista. Así que venga, anímate, dibuja y colorea el escenario. ¿Dónde te quieres ves? ¿En el mar o en la montaña? ¿En la misma casa donde vives ahora? ¿ En el gimnasio? ¿Quizás en otra ciudad o en otro país?
A mí me gusta imaginarme en una casa en el bosque, rodeada de árboles, con un poquito de césped en la entrada y con jardineras llenas de flores colgando de la barandilla de madera.
Una vez trazado el lugar de encuentro, ahora lo siguiente es llamar a la puerta si es que tu Yo futuro está dentro de una casa, o también puedes darle un toquecito en el hombro si resulta que te lo has imaginado haciendo una ruta por un sendero en el campo. Hasta puede que sea el compañero de deporte que practica natación en la pista de al lado de la piscina... Como verás, pueden ser infinitos los puntos de encuentro, pero como esta visita puede ser larga, yo te recomiendo que elijas un sitio propicio para mantener con él una conversación tranquila y distendida. Piensa que tienes la oportunidad de preguntarle muchas cosas y que quizás él conozca las respuestas que hoy por hoy andas buscando. Toda una oportunidad.
Llego a la casa de mi Yo futuro. Confieso que ando un poco nerviosa porque esto de entablar relación con mi yo avanzado impone. Siento que llamo a su puerta y que una mujer igual de regordita que yo aparece delante de mí. Sonríe y me invita a pasar y a tomar un te. Sonrío yo también porque me doy cuenta que no he cambiado ni en los kilos ni en la hospitalidad, lo cual me desvela que mi esencia se mantiene intacta. Sigo siendo la misma, más mayor sí, pero con mejor aspecto, quizás porque en estos últimos diez años he sido muy feliz. Quiero visualizarme así.
Seguimos. Ya estáis juntos ¿no? Visualiza el entorno y fíjate en el modo en el que te recibe y te devuelve el saludo. Observa a esta persona. Es tu Yo futuro de dentro de 10 años más positivo. Prepárate y ponte cómodo para mantener una conversación con él. Seguro que hay algunas preguntas que tal vez te apetezca hacerle.
¿Sorprendido por las preguntas? Son profundas ¿verdad? Pues las respuestas que te va a dar son del mismo estilo. Estas las he puesto a modo de ejemplo, pero tú eres el que tienes que preguntarle lo que verdaderamente te interesa.
Cuando llevo un rato charlando amigablemente con mi Yo futuro (pareciera que nos conocemos de toda la vida), después de un par de tés, de recorrer con curiosidad y mimo los detalles de su hogar y de llevar en mi mano algunos esquejes que amablemente ha recortado de su jardín y que plantaré de vuelta a mi casa, comienzo el interrogatorio. Aprovecho que él está dispuesto a compartir conmigo toda la sabiduría que ha obtenido a lo largo de estos años. Vivo la experiencia como una oportunidad.
Se toma su tiempo para responder (¡cómo se nota que uno gana serenidad con los años!). Me cuenta muchas cosas, algunas buenas y otras no tanto porque diez años dan para mucho. A veces mi semblante se ilumina y otras veces se ensombrece, pero mi Yo futuro me anima a seguir escuchando y me convence que en conjunto estos últimos años han sido muy provechosos. Me asegura que los he vivido con más consciencia y que he conseguido todos esos objetivos inmateriales que había planeado. Proyectos cumplidos, coraje, chispa, tranquilidad, apreciación por la vida, agradecimiento,, altruismo, son conceptos que fluyen en la conversación que mantenemos.
Salgo reconfortada de la visita porque de paso que me contaba sobre mí, también me ha relatado de mi entorno cercano. Al fin y al cabo, mi familia es con quien comparto mi vida y lógico es que sean nuestras propias vivencias las que permanecen más fijas en mi memoria. Sonrío de oreja a oreja. ¡Hay que ver cómo somos!
La visita termina y me despido agradecida de haber conversado conmigo misma pero con más años.
Me siento tan a gusto que casi me cuesta despertar y tomar conciencia de que todo esto que aquí cuento es un resumen de una meditación que practico con frecuencia guiada por Enrique Simó.
Una vez más te animo a realizar este viaje.
Los pensamientos crean tu realidad, así que nada mejor que imaginar un horizonte donde tus sueños tengan cabida y todo lo que te propongas se lleve a cabo. Al cabo de unos años lo verás. No es fantasía. Piensa en positivo, en todo va a salir como yo quiero.
¿Qué te parece la propuesta? ¿Te parece tentadora o tienes tus reparos? Mira que esto es como cuando echamos mano de álbum de fotos y repasamos con emoción los momentos ya vividos y nos vemos más jóvenes y más guapos, pero al revés. En este caso la cámara enfocará hacia adelante y te mostrará a una persona más entradita en años, quizás con más canas o más arrugas, quién sabe si más gorda o más flaca, pero también a un Ser dotado de mayor vivencia y experiencia.
Yo no dudaría en atreverme a hacer este singular viaje. Asistir a este desdoblamiento del tiempo en primera persona me parece una experiencia muy interesante, aunque entiendo que tú puedas tener tus reservas.
Como ya te habrás dado cuenta, el viaje que te he propuesto es todo un ejercicio de visualización. En el caso de que siguieras al haz de luz que te va a conducir a tu Yo futuro de dentro de 10 años, tú mismo podrías elegir el sitio exacto del planeta donde se produciría la entrevista. Así que venga, anímate, dibuja y colorea el escenario. ¿Dónde te quieres ves? ¿En el mar o en la montaña? ¿En la misma casa donde vives ahora? ¿ En el gimnasio? ¿Quizás en otra ciudad o en otro país?
A mí me gusta imaginarme en una casa en el bosque, rodeada de árboles, con un poquito de césped en la entrada y con jardineras llenas de flores colgando de la barandilla de madera.
Una vez trazado el lugar de encuentro, ahora lo siguiente es llamar a la puerta si es que tu Yo futuro está dentro de una casa, o también puedes darle un toquecito en el hombro si resulta que te lo has imaginado haciendo una ruta por un sendero en el campo. Hasta puede que sea el compañero de deporte que practica natación en la pista de al lado de la piscina... Como verás, pueden ser infinitos los puntos de encuentro, pero como esta visita puede ser larga, yo te recomiendo que elijas un sitio propicio para mantener con él una conversación tranquila y distendida. Piensa que tienes la oportunidad de preguntarle muchas cosas y que quizás él conozca las respuestas que hoy por hoy andas buscando. Toda una oportunidad.
Llego a la casa de mi Yo futuro. Confieso que ando un poco nerviosa porque esto de entablar relación con mi yo avanzado impone. Siento que llamo a su puerta y que una mujer igual de regordita que yo aparece delante de mí. Sonríe y me invita a pasar y a tomar un te. Sonrío yo también porque me doy cuenta que no he cambiado ni en los kilos ni en la hospitalidad, lo cual me desvela que mi esencia se mantiene intacta. Sigo siendo la misma, más mayor sí, pero con mejor aspecto, quizás porque en estos últimos diez años he sido muy feliz. Quiero visualizarme así.
Seguimos. Ya estáis juntos ¿no? Visualiza el entorno y fíjate en el modo en el que te recibe y te devuelve el saludo. Observa a esta persona. Es tu Yo futuro de dentro de 10 años más positivo. Prepárate y ponte cómodo para mantener una conversación con él. Seguro que hay algunas preguntas que tal vez te apetezca hacerle.
¿Qué es Yo futuro lo que más recuerdas de estos últimos años?
¿Qué cosas permanecen más fijas en tu memoria de estos últimos 10 años?
¿Qué es lo más importante que necesitas saber a fin de llegar dónde él está?
¿Sorprendido por las preguntas? Son profundas ¿verdad? Pues las respuestas que te va a dar son del mismo estilo. Estas las he puesto a modo de ejemplo, pero tú eres el que tienes que preguntarle lo que verdaderamente te interesa.
Cuando llevo un rato charlando amigablemente con mi Yo futuro (pareciera que nos conocemos de toda la vida), después de un par de tés, de recorrer con curiosidad y mimo los detalles de su hogar y de llevar en mi mano algunos esquejes que amablemente ha recortado de su jardín y que plantaré de vuelta a mi casa, comienzo el interrogatorio. Aprovecho que él está dispuesto a compartir conmigo toda la sabiduría que ha obtenido a lo largo de estos años. Vivo la experiencia como una oportunidad.
Se toma su tiempo para responder (¡cómo se nota que uno gana serenidad con los años!). Me cuenta muchas cosas, algunas buenas y otras no tanto porque diez años dan para mucho. A veces mi semblante se ilumina y otras veces se ensombrece, pero mi Yo futuro me anima a seguir escuchando y me convence que en conjunto estos últimos años han sido muy provechosos. Me asegura que los he vivido con más consciencia y que he conseguido todos esos objetivos inmateriales que había planeado. Proyectos cumplidos, coraje, chispa, tranquilidad, apreciación por la vida, agradecimiento,, altruismo, son conceptos que fluyen en la conversación que mantenemos.
Salgo reconfortada de la visita porque de paso que me contaba sobre mí, también me ha relatado de mi entorno cercano. Al fin y al cabo, mi familia es con quien comparto mi vida y lógico es que sean nuestras propias vivencias las que permanecen más fijas en mi memoria. Sonrío de oreja a oreja. ¡Hay que ver cómo somos!
La visita termina y me despido agradecida de haber conversado conmigo misma pero con más años.
Me siento tan a gusto que casi me cuesta despertar y tomar conciencia de que todo esto que aquí cuento es un resumen de una meditación que practico con frecuencia guiada por Enrique Simó.
Una vez más te animo a realizar este viaje.
Los pensamientos crean tu realidad, así que nada mejor que imaginar un horizonte donde tus sueños tengan cabida y todo lo que te propongas se lleve a cabo. Al cabo de unos años lo verás. No es fantasía. Piensa en positivo, en todo va a salir como yo quiero.
Yo puedo diseñar mi vida.
Yo hago magia con mi vida.

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