domingo, 22 de octubre de 2017

Un Blog no sería un auténtico Blog si de vez en cuando no tuviera una pausa

Hace unos días mi hija me decía que no entendía por qué hace dos años decidí cerrar este blog al público.

Me lo preguntó cuando encendí mi página de facebook -quería enseñarle una fotos de Toledo que había publicado un amigo- y la pantalla me ofreció la posibilidad de compartir un recuerdo. Concretamente el homenaje que, a modo de despedida, dediqué a mi perro Toby cuando se ausentó para siempre de nosotros y que lógicamente no podía mostrar porque el enlace al que conducía la publicación estaba bloqueado.

Le di dos respuestas rápidas contestadas a su vez con dos preguntas.

- ¿A quién le puede interesar lo que escribo? 

- ¿De dónde voy a sacar tiempo para escribir?

Le faltó tiempo para responderme con rotundidad.

"A mí me puede interesar y a cualquiera que un día te lea una entrada y le llegues con tus palabras. En cuanto al tiempo, sabes que si quisieras, podrías hacerle un hueco en tu vida. Igual que lo tienes para las manualidades, los libros o las plantas". 



Rápidamente me dejó sin argumentos.
Con un par de frases claras y concisas (así es ella), si no me convenció de inmediato, sí me hizo plantearme la posibilidad de continuar con este proyecto que abrí en el 2013, en uno de los momentos más claves de mi vida en los que desbordaba ilusión a raudales (de ahí el título del blog).

Como vio que me dejó sin palabras y que algo en mí estaba haciéndome ver las cosas de otra manera, siguió hablándome de que no le parecía justa la determinación que había tomado porque al cerrar el blog al público, también le había privado a ella de releer pasajes de "nuestra historia" en algunas de las entradas en las que ella participaba y tampoco tenía acceso a esas reflexiones (filosóficas y existenciales ??) que de vez en cuando, con mi mayor humildad, me atrevía a manifestar en este mundo virtual.

Al cabo de los días y a solas conmigo misma, empecé a plantearme la posibilidad de continuar escribiendo este blog. Y decidí que sí, que iba a seguir adelante. Sin agobios y sin presión por mi parte, solo cuando me empujara la inspiración y me nacieran las ganas de escribir. Sin pensar en ese posible lector que un buen día, por casualidad, aterrice entre mis páginas y pueda llevarse una sonrisa o quién sabe, una decepción. Sin fines monetarios, pues nunca ha sido mi pretensión. Un blog donde yo me pueda mover a mis anchas, que lo mismo emita una reseña sobre un libro, como comparta la receta de unas galletas que me hayan salido de rechupete, donde pueda publicar algún tema sobre el que haya leído o estudiado y considere interesante y por supuesto, donde pueda dejar constancia de esos momentos maravillosos que comparto con mi familia, que para mí son lo más de lo más.

Si bien es cierto que durante estos dos últimos años no he publicado nada porque mi vida era demasiado intensa y mi mente estaba espesa para la escritura, en ocasiones sí he estado tentada de volver a estas páginas para encontrar ese refugio de paz donde tiempo y espacio se funden en compañía de la creatividad y las buenas intenciones.

Querido Diario, Querido Blog. ¡¡Allá vamos!!



Sin prisas y con aires renovados iré rellenando tus páginas a fuego lento como los guisos de antaño, con una pizca de chispa y mucho corazón y a quien quiera echar una miradita le doy la bienvenida.

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