miércoles, 1 de abril de 2015

Dale alas para volar

Hoy mi hija se hace independiente.
Bueno, ya lo era desde hace tiempo porque se fue con 18 años para cursar estudios superiores fuera de casa, pero las circunstancias laborales la hicieron regresar al hogar materno y estos dos últimos años compartidos los he vivido como "un tiempo de ella" que ya no me pertenecía, sabiendo que era un regalo del que más tarde o más temprano tendría que desprenderme y por esa razón lo he valorado tanto como si de un tesoro se tratara.


Al contarme sus intenciones, me puse a llorar como una magdalena. No sé si fue el factor sorpresa o que últimamente tengo la sensibilidad a flor de piel, que también, pero ahora que han transcurrido unos días y he digerido la noticia, sé que actuó la madre egoísta que llevó en mí, que quería dilatar la convivencia cuanto más tiempo mejor y se resistía a admitir que la ley de la naturaleza manda.
Cuando regresó de Granada no vino sola, que lo hizo con novio y con perro y volvimos a formar una familia la mar de curiosa cumpliendo a las mil maravillas aquello de "juntos, pero no revueltos", compartiendo mesa y repartiéndonos las tareas de la casa, pero respetando con discreción la vida y la intimidad de cada uno.


Hemos vivido momentos entrañables que igualmente se repetirán a partir de ahora pero de distinta forma. Supongo que me convertiré en la madre que se afana en preparar un menú especial los domingos para sorprender a sus hijos que vienen de visita y al igual que hace mi hermana, cuando me ponga a guisar cocinaré un par de raciones más para que se las coman después a solas.
Sé que haré de canguro de Freddy cuando se vayan de viaje y lo sacaré a pasear cada dos por tres y que los voy a tener cerca porque su casa está -afortunadamente- a un paso de la mía. También la veré en la tienda y le prepararé como a su hermano el bocadillo de media mañana y algún día se me iluminará la cara cuando me pregunten por sorpresa aquello de  "Mamá ¿tienes cena? que vamos para allá", pero hoy las cosas cambian y comienza una nueva etapa para todos.

Hoy, aun con alguna lagrimita contenida, me siento muy orgullosa de ella y le doy alas para volar y raíces y motivos para estar siempre cercanas.

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