viernes, 20 de febrero de 2015

Se prohíbe mantener afectos desmedidos en la puerta de la pensión

Parece que últimamente me ha dado por leer libros que llevan por título frases llamativas. Este verano fue el de No culpes al karma por lo que te pasa por gilipollas y ahora este de Mamen Sánchez "Se prohíbe mantener afectos desmedidos en la puerta de la pensión". A este paso, como los autores sigan engordando los títulos van a necesitar una portada en tamaño DIN A4.
Es el primer libro que leo de esta autora y debo reconocer que me ha sorprendido para bien. No es una novela extraordinaria para mi gusto, pero sí muy entretenida y perfecta para desconectar de nuestro día a día. Lo he leído en la cama, al acostarme y más de una noche me he dejado los ojos porque no podía parar de leer. Creo que esta es la mejor señal para saber si un libro te resulta interesante o no.


Cecilia es una mujer que se acaba de divorciar de su marido y decide montar una pensión de estudiantes en la casa heredada de sus abuelos. A simple vista, una locura, como creen sus padres, pero hay una fuerza superior en aquella casa que la anima a llevar a cabo el proyecto.

No es consciente aún de lo que puede llegar a cambiar su vida, sólo por el hecho de relacionarse con el constructor que está llevando las obras, el ocupa ilegal que encuentra en la casa, las tres chicas y Azucena que se dedica a las labores domésticas.

Lo más curioso de la novela es que cada capítulo se titula con una norma que la dueña quiere o debe imponer en la pensión, pero que en ningún momento se llega a cumplir. Incluso hasta ella misma se las salta a la torera.

Es una comedia romántica mezclada con el drama tierno, que en muchas ocasiones nos hace sonreír. Pudiera parecer surrealista en algunos momentos y un poco fantasiosa otros, pero no cabe duda que cuando la fuerza de los personajes se une son capaces de mover montañas y solucionar problemas que de otra forma no se podrían resolver.

Como en la vida misma, no todo tiene que salir bien o ser de color de rosa, pero no cabe duda que rodearse de personas con una actitud positiva puede ser la herramienta ideal para que las historias tengan finales felices o al menos agridulces. Como es el caso de esta novela que presenta un grupo de personajes dispar que descubre que lo mejor de todo es ese afecto vital que emana de ellos al vivir en compañía.

Tiene la misma moraleja que la novela de Anna Gavalda, "Juntos nada más", la de que no sólo es importante el amor entre una pareja, sino el que emana de las relaciones de convivencia.

Recomiendo su lectura, aunque sólo sea por el hecho de descubrir que es posible pintar una historia con matices dulces, donde la esperanza es más fuerte que el desánimo y la desilusión. 

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