¿No os ha pasado a veces que tenéis la sensación de que vuestra mente va por un lado y vuestro cuerpo por otro? ¿Que por mucho que lo intentéis no hay forma de concentrarse en lo que uno está haciendo porque los pensamientos enmarañados toman las riendas?
Te preguntan y tardas en contestar. Quieres escribir sobre algo y no eres capaz de redactar una línea. De una tarea saltas a otra sin parar y nada acabas.
Sabes de antemano, que ese día hagas lo que hagas no vas a resultar eficiente por mucho que lo intentes.
Vas a estar en las nubes, distraído y pensando en todo y en nada a la vez.
Ya te puedes proponer hacer cualquier cosa -si es que acaso ese día tienes alguna iniciativa- que nada te saldrá a derechas.
Irás a cámara lenta, como si una fuerza superior tomara la batuta y guiara tus escasos movimientos.
Y si encima ese día no tomas café -como me sucedió a mí, maldito error- porque te encuentras nervioso, ya puedes aceptar que es un día torcido.
Es como estar de lunes, pero a lo grande.
Así me encontraba yo hace unos días, con falta de concentración y para colmo, insoportable, como ya se encargó de repetirme mi hijo a lo largo de la jornada.
Menos mal que me pasa pocas veces y creo conocer cuál es la ecuación matemática que se encarga de alterar mi ritmo.
Te preguntan y tardas en contestar. Quieres escribir sobre algo y no eres capaz de redactar una línea. De una tarea saltas a otra sin parar y nada acabas.
Sabes de antemano, que ese día hagas lo que hagas no vas a resultar eficiente por mucho que lo intentes.
Vas a estar en las nubes, distraído y pensando en todo y en nada a la vez.
Ya te puedes proponer hacer cualquier cosa -si es que acaso ese día tienes alguna iniciativa- que nada te saldrá a derechas.
Irás a cámara lenta, como si una fuerza superior tomara la batuta y guiara tus escasos movimientos.
Y si encima ese día no tomas café -como me sucedió a mí, maldito error- porque te encuentras nervioso, ya puedes aceptar que es un día torcido.
Es como estar de lunes, pero a lo grande.
Así me encontraba yo hace unos días, con falta de concentración y para colmo, insoportable, como ya se encargó de repetirme mi hijo a lo largo de la jornada.
Menos mal que me pasa pocas veces y creo conocer cuál es la ecuación matemática que se encarga de alterar mi ritmo.
Sobreesfuerzo + Sobrecarga emocional = Bloqueo mental.
O dicho con otras palabras para que se entienda mejor: Bajón de narices.
Debo admitir que me sentó mal estar así precisamente el día en que lanzamos el Blog de Indalo Natura, con las ganas que tenía que viera la luz, pero quizás fuera esa la causa de mi malestar porque llevaba semanas trabajando en ello sin parar y ese día estaba, por mucho que lo quisiera ocultar, ansiosa por no saber qué acogida iba a tener entre nuestros seguidores y también por la responsabilidad que conlleva su mantenimiento y difusión.
La mejor moraleja que saco de todo esto es que cuando me encuentro así, basta con que termine el día para que a la mañana siguiente me levante con energías renovadas.
Es más, necesito tener ese mal día para que vuelva a tener el buen estado de ánimo que generalmente me acompaña.
Y ya sé que aunque me sienta nerviosa, un café mañanero bien cargadito es mano santa para empezar con buen pie el día.
La mejor moraleja que saco de todo esto es que cuando me encuentro así, basta con que termine el día para que a la mañana siguiente me levante con energías renovadas.
Es más, necesito tener ese mal día para que vuelva a tener el buen estado de ánimo que generalmente me acompaña.
Y si es con pastitas, mejor.


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