Dicen que estamos hechos de historias, así que hoy voy a contar una experiencia vivida por mí que tiene mucha moraleja.
A veces me viene a la memoria y trato de aplicarme la enseñanza que saqué de ello. También recurro a esta historia cuando tengo a mi alrededor a alguien que se lamenta y no para de quejarse.
Ahí va:
"Hace ya catorce años que vine a vivir a Almería. Años antes ya veraneaba en el Mediterráneo y siempre me quedaba prendada de la flor de la buganvilla. Esos colores rosados, tirando a rojos, cubriendo fachadas, me fascinaban. Así que cuando pensé en trasladarme, me dije a mí misma "Qué ilusión que voy a poder tener una buganvilla"
Y dicho y hecho, que fue de las primeras cosas que hice al terminar la mudanza. Fui al vivero y no contenta con una, compré ni más ni menos que cuatro. Las veía tan pequeñas....
Pero aquello creció. Un año, otro año y otro año... Y las buganvillas, bonitas eran, pero marranas, también. Dejaban cada día un lecho de flores caídas y cuando soplaba el viento ya me echaba a temblar.
Fueron pasando los años y yo cada día estaba más encariñada con las plantas. Me sentía orgullosa cada vez que florecían, pero también no paraba de quejarme al tener que recoger las hojas del jardín. El poco rato que tenía libre en verano lo empleaba en recoger las flores secas. Y como un día no lo hiciera, al día siguiente doble tarea. Y me enfadaba con ellas. Y pensaba "Con qué bonitas ¿eh?"
Y un día y otro día echando sapos y culebras por la boca y no parando de quejarme.
A veces me entraban ganas de quitarlas, pero otra vocecita de mi interior, me decía: "¿Acaso estás loca? Con lo bonitas que están cuando florecen!"
Y así andaba yo, que ni sí, ni no, pero lamentando la situación.
Hasta que un día se lo conté a un buen amigo que tiene la cabeza más clara que yo. Le expuse la situación y me dijo:
- Pero, a ver, no entiendo bien cuál es el problema. O las quitas, o las dejas.
Y yo le contesté.
- ¡Hombre! No es tan fácil!
- Ya, pero lo que no puedes hacer es estar todo el tiempo quejándote.
- Es que son muy bonitas....
- Sí, pero reconoces que son muy sucias y que estás harta de recoger hojas cuando no tienes tiempo.
- Ya, pero me da tanta pena...
- Entonces, acepta que tienes que recoger su basura cada día y ya está.
- Pero, no tengo tiempo....
- Mira, lo que tienes que hacer es ACTUAR, en un sentido o en otro. Que te quedas con las buganvillas, aceptas que tienes que recoger las hojas cada día. Que las quitas, pues ya sabes que te quedas sin ellas, pero lo que no puedes hacer es estar constantemente quejándote de la situación, porque mientras lo haces, te estás quemando por dentro y malgastando energía.
Y eso hice yo: ACTUAR.
Desde el día que elegí quitarlas y lo hice, no me he vuelto a quejar. No tengo buganvillas, pero en su lugar coloqué unas lindas macetas con cactus que necesitan menos atenciones.
Y de esta historia me acuerdo cada vez que me quejo una y otra vez de algo y no muevo ficha. Es entonces, cuando recuerdo El cuento de la buganvilla, hago caso de su moraleja y todo cambia.


Preciosa historia con una interesante moraleja que en cuanto pueda voy a compartir, porque viene que ni pintada para una situación personal que estoy viviendo/sufriendo. O me decido a quitar la planta que tanta guerra me da o me j. y me sguanto y paso el resto de mi vida quitando flores muertas de mi jardín (léase vida).
ResponderEliminarPor experiencia propia, lo mejor es actuar. Me pasó con la buganvilla y con cosas más importantes. Eso sí, hay que ser consecuente con la decisión que se tome.
ResponderEliminarBonita anécdota,no hay duda de que de todo se aprende y se saca algo,ya sea para bien o para mal.Estas son las cosas que nos hacen avanzar :).Un abrazo.
ResponderEliminarLa parábola de la buganvilla, no deja lugar a dudas. Es necesario actuar antes de que las circunstancias que te afectan lleguen a condicionar tu vida, física y mentalmente. Pero la buganvilla es una planta que no tiene sentimientos, si tanto cuesta desapegarte de una buganvilla, imagino lo costoso que debe ser desapegarte de una persona. Es cierto que la buganvilla, al no tener sentimientos, te lo pone más fácil, se deja manipular por ti... No te mira, ni te responde de mala manera... Pero en esencia, esa necesidad de ahora o nunca...¡¡¡actúa!!! que es la enseñanza de este cuento, necesita otro factor más: el empuje. No siempre tenemos en nuestra vida a alguien que nos empuje a tomar la decisión de cortar la buganvilla para dejar de recoger flores muertas de nuestro jardín. Y a veces, simplemente, no somos suficientes nosotros mismos... Demasiado apego a la buganvilla... Y como siempre habrá otras buganvillas en nuestro camino, más vale que vayamos aprendiendo a no apegarnos demasiado a ellas.
ResponderEliminarEfectivamente, llevas razón en cuanto al tema de que es muy importante tener a tu lado a alguien que te empuje a hacerlo, porque si no, nos mantenemos en las mismas y en definitiva estancados. Puede ser "alguien" o "algo" como la gota que colmó el vaso. También decir que no todo el mundo siente tanto apego a las cosas y a las personas como lo tenemos tú y yo.
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