En estas fechas del calendario mi tienda se transforma y es una lástima no tener una varita mágica a mano que, con cuatro movimientos rápidos, sea capaz de guardar artículos en el almacén, reordenar estanterías y colocar en sitio preferente las novedades recién llegadas.
Sí; realmente es una pena no haber compartido escuela con Harry Potter.
Así que durante unos cuantos días (interminables, por cierto) tengo la tienda patas arriba y el almacén lleno de cajas sin abrir, que parece que todos mis proveedores se han puesto de acuerdo para enviarme todos los pedidos a la vez.
En estos momentos me dan ganas de gritar, pero como no puedo quejarme a los cuatro vientos porque espantaría a los clientes, me saturo, me bloqueo y entro en caos.
Yo sé que es cuestión de convivir con el desorden durante unos cuantos días y de establecer prioridad de movimientos. En definitiva, de saber qué es lo más importante.
Y así andaba yo el miércoles de esta semana: Bloqueada.
A ver, por dónde sigo. ¿Abro cajas? ¿Saco etiquetas? ¿Guardo la ropa de verano? ¿O recoloco una estantería? cuando, sin lugar a dudas, un hecho verdaderamente importante, el más importante, por supuesto, hizo que todos mis pensamientos se enfocaran hacia una sola dirección: el nacimiento de mi sobrina-nieta.
Desde las once de la mañana hasta las 8 menos cuarto de la tarde viví el parto de mi sobrina, a 500 km. de distancia. Poco me importaba ya el desorden, las cajas con las que me tropezaba o ese montón de albaranes que estabán atormentándome en el mostrador.
Prioridad absoluta: mi sobrina y su hija; estar al tanto de cómo se estaba desarrollando todo.
El caos que tanto me estaba afectando en los últimos días, pasó a segundo plano; me resultaba indiferente. Simplemente comencé a relativizar los hechos que durante días me estaban agobiando porque la mente y nuestras emociones son las encargadas de que le demos un gran valor a los acontecimientos o no le demos importancia alguna.
Sí; realmente es una pena no haber compartido escuela con Harry Potter.
En estos momentos me dan ganas de gritar, pero como no puedo quejarme a los cuatro vientos porque espantaría a los clientes, me saturo, me bloqueo y entro en caos.
Yo sé que es cuestión de convivir con el desorden durante unos cuantos días y de establecer prioridad de movimientos. En definitiva, de saber qué es lo más importante.
Diseñan con la ayuda de "pequeños artistas".
A ver, por dónde sigo. ¿Abro cajas? ¿Saco etiquetas? ¿Guardo la ropa de verano? ¿O recoloco una estantería? cuando, sin lugar a dudas, un hecho verdaderamente importante, el más importante, por supuesto, hizo que todos mis pensamientos se enfocaran hacia una sola dirección: el nacimiento de mi sobrina-nieta.
Desde las once de la mañana hasta las 8 menos cuarto de la tarde viví el parto de mi sobrina, a 500 km. de distancia. Poco me importaba ya el desorden, las cajas con las que me tropezaba o ese montón de albaranes que estabán atormentándome en el mostrador.
Prioridad absoluta: mi sobrina y su hija; estar al tanto de cómo se estaba desarrollando todo.
El caos que tanto me estaba afectando en los últimos días, pasó a segundo plano; me resultaba indiferente. Simplemente comencé a relativizar los hechos que durante días me estaban agobiando porque la mente y nuestras emociones son las encargadas de que le demos un gran valor a los acontecimientos o no le demos importancia alguna.
Sin duda, el nacimiento de mi sobrina aclaró todos mis problemas.
Bienvenida Iria.
Acabas de llegar y ya eres muy bonita.



¡Enhorabuena familia! La llegada de un nuevo miembro a la familia siempre es motivo de alegría,¡a disfrutarla mucho! :D
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