La subida de temperatura registrada en estos últimos días, nos indica que dentro de nada llega el calor y con él, el cambio de vestuario.
De la noche a la mañana pasamos de ropas oscuras y pesadas a vestidos ligeros y llenos de color.
Nos despedimos de las mangas largas y damos la bienvenida a los tirantes. Y pasa entonces, que cuando nos probamos la ropa de la temporada pasada, nos invade una ola de horror y de desesperación.
Y decimos, mirándonos al espejo: "No, yo este verano no me pongo esto. Me niego. Se me ve todo"
Y pasan unos días. Y afortunadamente el tiempo nos ofrece una tregua para la reflexión, o para postergar el momento en el que nos tendremos que poner menos ropa, porque bajan las temperaturas y seguimos vistiéndonos con ropa que nos tapa todos nuestros encantos.
Pero el calendario no perdona y día que pasa va subiendo el termómetro hasta que ya somos conscientes del problema y tomamos cartas en el asunto y decimos:
"De hoy no pasa que comiezo la Operación Bikini"
Y durante unos días nos atiborramos a ensaladas y verduras y nos damos unas caminatas que sudamos la tinta china y nos sentimos motivados pensando que se nos va a quedar un tipo la mar de esbelto.
Sí!!! Este año lo voy a conseguir!!!!
Son pocos días, pero nos sentimos muy disciplinados: dieta y ejercicio van de la mano. En lo único que pensamos es en lo bien que nos van a quedar esos pantalones cortos o ese bikini de rayas que acabamos de ver en la tienda de moda.
También nos volvemos un poco agrios y antisociales, por eso cuando nos inivitan a salir para tomar una cerveza decimos que no, que no podemos porque estamos ocupados preparando los papeles de la declaración de la renta o ayudando al niño a hacer los deberes (excusas), cuando de verdad lo que nos ocurre es que nos morimos de ganas por salir a tomar la cervecita, acompañada de unas tapillas, por supuesto.
Pero nuestro ego no nos lo permite.
Pero nuestro ego no nos lo permite.
Y pasa un día y otro y nos probamos el vestido que llevábamos el año pasado, que tan bien nos sentaba... y no hay forma... nos seguimos viendo con demasiados atributos.
Nos miramos al espejo y no nos gustamos ...y vamos a la nevera para calmar la ansiedad, pero allí nos encontramos con algún mensaje que pusimos el primer día que comenzamos la Operación Bikini. (porque sabíamos que tendríamos nuestros momentos de bajón...)
Hasta que llega un día que hace tanto calor que ya no podemos soportar más la manga larga o las chaquetitas que tapan nuestras vergüenzas....
Y nos atrevemos con TODO.
Hasta somos capaces de darnos un chapuzón en la piscina para aliviar el sofoco.
Y nos atrevemos con TODO.
Hasta somos capaces de darnos un chapuzón en la piscina para aliviar el sofoco.
Y empezamos a fijarnos en los demás....
y nos damos cuenta que todos tenemos "imperfecciones".....
Que cuerpos perfectos sólo los tienen las chicas de 20 años o las modelos que salen por la televisión...
Hombres y mujeres....
Hombres y mujeres....
Que quien no tiene michelines en la barriga, tiene el pecho un poco lacio, que quien no tiene el trasero bien hermoso tiene unas buenas cartucheras en vez de caderas...
Y por todo esto que vemos, nos entra un alivio....
En esos momentos nos sentimos orgullosos de pertenecer al colectivo de la especie humana.A partir de ahí empezamos a relajarnos y a disfrutar de los placeres del verano.
Hemos visto que un año más hemos superado la prueba y somos capaces de lucir nuestros encantos.
Y se nos empieza a cambiar el semblante.
Soñamos con las vacaciones, con los días de playa y bañador, heladito de postre o a media tarde...
Días de quedar con amigos y con la familia y compartir vivencias y tapitas....
Mañanas enteras tumbados al sol, viendo las horas pasar sin hacer nada, sin quemar calorías...
Las siestas......
Y dibujamos una sonrisa que ilumina nuestras caras.
A la porra las gorduras y los complejos!!!


Qué bueno!!
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