domingo, 14 de abril de 2013

Me gustan las tiendas de barrio


Cuando aparecieron los hipermercados hace ya un montón de años, todos nos alegramos mucho porque podíamos realizar nuestras compras en un único y gran espacio físico.


¡Qué bien que me han puesto un centro comercial cerca de mi casa!
¡Qué comodidad! ¡Todo a mano!
Parece que estábamos deseando que llegara el viernes o el sábado para hacer la compra de la semana.

Empezábamos a llenar el carro, con un niño subido a él y el otro andando de la mano que, como te descuidaras te metía todas las chuches y antojos del mundo.
Y recorríamos todos los pasillos, de pe a pa, no se nos fuera a pasar ningún producto por comprar.
Y ay de ti cuando estando ya en una punta, te acordabas que te habías saltado el tomate frito, que justo estaba veinticinco pasillos más allá...
Preferías comerte los espaguetis sin tomate..
Pero tus hijos no.
Así que otra vez a vueltas con el carro para el otro lado...

Momentos vividos en el centro comercial, rodeados de mucha gente, carros chocándose unos con otros, atascos en los pasillos....

A mí el hipermercado me parece un sitio frío, aunque esté lleno de gente o sea verano y haga calor. Todos  son iguales, cortados por el mismo patrón y con muy poca gracia.

Vale que en un mismo recinto puedes encontrar de todo, desde comida hasta ropa, pasando por electrodomésticos o libros, pero no tienen a casi ningún empleado al que podamos preguntar. Y ese que tienen la mayoría de las veces se hace el sueco, hace como que no te ha visto, porque se siente como "uno para todos" y está cansado de responder y responder por cuatro duros que cobra a final de mes.

Y encima, ahora, están sustituyendo cajeras por cajas automáticas; ésas que se supone te ahorran tiempo al pasar la compra (si sabes al dedillo como hay que hacerlo, claro).
Así que dentro de nada, con toda naturalidad nos despediremos de la caja automática con un ¡Hasta la semana que viene, guapa! y lo veremos de lo más natural.

¡Qué pena!

Es por eso que a mí me gustan las tiendas de barrio.
En ellas no encontramos ofertas y cada una está especializada en unos artículos.
Y puede que perdamos tiempo en ir a una y después a otra y que tengamos que ir cargados con bolsas.

Está la frutería, la mercería, la pescadería, la tienda de regalos, la de ropita de bebé, la de manualidades, la zapatería, la librería, la pastelería, ....







¿Y qué tienen todas en común?

Que todas están regentadas por trabajadores autónomos que se dejan la piel por ellas y están deseando agradar al cliente.



Indalo Natura cosas bonitas

Y...


Indalo Natura cosas bonitas

Que son diferentes, únicas y especiales...

Que no son grandes y no tienes que perder tiempo en recorrer pasillos y aguantar colas en la caja.
Aunque sí está permitido perder todo el tiempo del mundo viendo los productos o entreteniéndose al son de la musiquita que se escucha de fondo.

Que son pequeñas y por regla general, con encanto, que esto cada vez se está cuidando más.


Están llenas de detalles.

Que te saludan al entrar y te echan una sonrisa....

Que si llevas un bebé en el carrito, se acercan a ti y empiezan a hacerle carantoñas y te dicen: Pero ¡cuánto ha crecido este niño! ¡Si es que está hecho un sol!

Y ¿por qué te dicen esto?

Porque te conocen.

Les cuesta poco trabajo quedarse con tu cara y como vayas cuatro veces, ya te ganan como cliente y te miman. Se aprenden tu nombre y se acuerdan de las últimas cosas que has comprado.

Existe un trato personalizado y se establece una relación sana de intimidad entre el cliente y el dueño de la tienda. A la vez que se compra, se conversa un par de minutillos -o a veces algo más según el grado de confianza que se tenga- de cosas importantes o irrelevantes, esto es lo de menos, el caso es hablar.

Y en estos tiempos que corren todos estamos muy necesitados de relacionarnos y nos sienta muy bien que el tendero de la esquina nos desee un "Que pases un buen día" a lo grande, con la sonrisa bien ancha. Es una buena terapia que podemos practicar a diario y está al alcance de nuestra mano.

Y últimamente estamos de suerte porque cada vez están abriendo más tiendas de barrio.
Más que para emular los tiempos de antaño es porque ahora la gente tiene pocas esperanzas de encontrar un trabajo asalariado y apuesta por llevar un pequeño negocio.




En estas tiendas de barrio no somos un cliente cualquiera, somos EL CLIENTE.

¡Apostemos por el comercio local!














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